Hoy estoy otra vez triste. Hoy te necesito cerca. Tengo un grandísimo problema y no sé qué debo hacer ni cómo solucionarlo. Ni siquiera sé si debo intentar solucionarlo o simplemente esperar que caiga por su propio peso. Tengo ganas de llorar y de gritar, tengo ganas de salir corriendo y soltar toda la amargura, la tristeza, la rabia, el odio, en un grito tan grande, tan fuerte, que me desgarre por dentro y deje salir todo aquéllo que tanto me envenena la sangre.
Hoy estoy otra vez triste. Hoy siento cómo el cielo tiembla encima de mi cabeza. Hoy desearía ser una niña pequeña y poder acurrucarme en brazos de mi padre y sentir toda su protección en un abrazo. Tengo miedo, tengo muchísimo miedo al futuro, a la vida, a lo que vendrá. Y sé que el miedo paraliza, y sé que no debo sentirlo, y sé que la vida está nada más que para vivirla, pero aún así tengo miedo.
Hoy estoy otra vez triste. Y las lágrimas se derraman por mi cara mientras escribo. Y sigo sin saber qué hacer, o si hacer algo o no. Hoy siento mi corazón pesado, tan pesado como una losa. Y siento que algo me oprime la garganta y no me deja hablar, ni gritar, ni llorar como quisiera.
Hoy estoy otra vez triste. Y en el fondo doy gracias por estar aquí sola, escribiéndo. Porque si tuviera a alguien que me diera el más mínimo cariño ahora mismo, me partiría en dos. Ni siquiera podría soportarlo.
Hoy estoy otra vez triste, hoy estoy cansada y triste. Cansada de no saber, cansada de aguantar lo que no quiero aguantar, cansada de callar cuando quiero gritar, cansada de consentir. Profundamente cansada de gastar mis energías en algo tan inútil como eso, aguantar, callar, consentir. Cansada de no saber cómo luchar, cansada de dar palos de ciego en lugar de abrir los ojos, cansada de rehuir mi destino, cansada de ser una cobarde...